CV de una página: qué quitar y qué dejar
Todo el mundo repite que el currículum debe caber en una página, pero nadie te dice qué se corta primero. Aquí tienes el orden exacto, y la lista de lo que no se toca ni aunque te sobre media línea.
"Que el currículum quepa en una página" es de esos consejos que todo el mundo repite y casi nadie explica. El problema no es la regla, es que se queda a medias: nadie te dice qué se corta primero cuando llevas quince años trabajando y te sobran tres cuartas partes del documento.
Así que vamos a eso. No a consejos de márgenes, sino al orden concreto en el que hay que ir quitando cosas y a la lista corta de lo que se queda pase lo que pase.
Antes de cortar: ¿de verdad tiene que ser una página?
Casi siempre sí, y por un motivo práctico más que estético. De la primera página tienes la garantía de que se abre; de la segunda no tienes ninguna. Todo lo que mandas a la segunda página es material que estás apostando a que alguien tenga ganas de seguir bajando.
Hay excepciones razonables. Si vienes de investigación, de la administración pública o de un sector donde se piden listados de méritos y publicaciones, dos páginas son normales y nadie se extraña. Lo que no funciona en ningún caso es una página y cuarto: o cierras en una, o llenas dos de verdad. Esa media página huérfana es la peor de las opciones, porque parece que se te ha escapado.
¿En qué orden hay que ir cortando el CV?
Se corta en este orden: los empleos de hace más de diez o quince años, la formación que ya no aporta, las tareas obvias de tu puesto, los datos personales que ya nadie pide, los adjetivos sobre ti mismo, las aficiones y, según el caso, la foto.
Empieza por arriba de esta lista y para en cuanto quepa. La idea es sencilla: se va primero lo que menos ayuda a que te llamen para esta oferta.
1. Los empleos de hace más de diez o quince años
No siempre se borran: muchas veces basta con comprimirlos. Empresa, cargo y fechas en una sola línea, sin puntos descriptivos debajo, sin gastar seis líneas contando lo que hacías en un puesto que ya no tiene nada que ver con lo que pides. Eso mantiene la continuidad de tu trayectoria, que es lo que se mira. El criterio para decidir es ese mismo: si el empleo tapa un hueco entre los que sí cuentas, comprímelo; si queda tan atrás que ya no explica ningún hueco, suéltalo entero.
Si el sitio del que sale casi todo tu material es LinkedIn, este recorte es el que más espacio libera. Tienes el proceso completo en cómo pasar tu perfil de LinkedIn a un CV de una página.
2. La formación que ya no aporta
Los cursos de veinte horas de hace una década, el nivel de inglés que hiciste en el instituto, las jornadas y los seminarios sueltos. Y una que cuesta más: si tienes estudios universitarios, el bachillerato y la ESO sobran. Se dan por hechos.
Deja la titulación principal, la formación específica que la oferta menciona y los idiomas con su nivel. Lo demás ocupa sitio y no cambia ninguna decisión.
3. Las tareas obvias de tu puesto
"Atención telefónica" en un CV de recepcionista o "gestión de correo electrónico" en uno de administrativo no dicen nada que el lector no diera por supuesto. Cada línea tiene que aportar algo que no se deduzca del nombre del cargo: un volumen, una herramienta, una responsabilidad concreta, un resultado.
4. Los datos personales que ya nadie pide
El DNI, el estado civil, la fecha de nacimiento y la dirección completa de tu casa no hacen falta para que te llamen, y algunos además son datos que estás regalando a quien no los necesita. Con tu ciudad, tu teléfono y tu correo es suficiente. La dirección exacta ya se la darás cuando haya contrato.
5. Los adjetivos sobre ti mismo
"Proactivo", "resolutivo", "acostumbrado a trabajar bajo presión", "buenas dotes de comunicación". Todo el mundo los pone, así que no distinguen a nadie, y no se pueden comprobar. Ocupan dos o tres líneas que rinden mucho más contando lo que hiciste.
6. Las aficiones
Se van casi siempre. Se quedan solo si tienen relación directa con el puesto o si demuestran algo que el CV no cuenta por otro lado: llevar un club deportivo si el puesto tiene gestión de equipos, competir en algo que requiera constancia, un proyecto propio relacionado con el sector. "Leer, viajar y el cine" no le importa a nadie.
7. La foto, según el caso
En España es habitual llevarla y en muchos procesos se espera, así que quitarla porque sí puede llamar la atención más que ponerla. Ahora bien, se cae de la lista sin dudarlo en tres situaciones: cuando la empresa es extranjera o el proceso está en inglés (en el mundo anglosajón la foto puede ser directamente un motivo de descarte del documento), cuando la oferta pide expresamente un CV sin datos personales, y cuando la plantilla que la lleva convierte tu currículum en un maquetado raro que los filtros automáticos no saben leer.
Ese último punto es el que más gente pasa por alto: la foto en sí no suele ser el problema, lo es la caja de texto o la columna decorativa que se monta a su alrededor.
¿Qué no se corta nunca de un CV?
Cinco cosas: tu nombre y tu contacto, las fechas de cada empleo, los nombres de los cargos en su versión estándar, los dos o tres últimos empleos con detalle y las palabras que aparecen en la oferta.
- Tu nombre y tu contacto. Parece de perogrullo, y aun así hay CV que llegan con el teléfono metido en el pie de página, donde a veces no se extrae al procesar el archivo.
- Las fechas de cada empleo. Sin ellas no se puede calcular tu experiencia, y donde hay un filtro automático eso puede significar directamente cero años.
- Los nombres de los cargos. Y en su versión estándar, no la versión creativa que usaba tu empresa.
- Los dos o tres últimos empleos con detalle. Son los que sostienen tu candidatura.
- Las palabras que aparecen en la oferta. Si estás recortando y dudas entre dos líneas, se queda la que usa el vocabulario del anuncio.
¿Cómo ganar espacio en el CV sin hacer trampa?
Con cinco trucos: junta el contacto en una sola línea, quita "Referencias disponibles bajo petición", agrupa las habilidades por familias, reescribe las líneas que terminan con una sola palabra y sube el bloque que más le interesa a la oferta.
- Junta el contacto en una sola línea, separado por barras o guiones, en vez de en cuatro líneas apiladas.
- Quita "Referencias disponibles bajo petición". Se da por hecho y ocupa una línea entera.
- Agrupa las habilidades por familias en lugar de poner una por línea.
- Revisa las líneas que terminan con una sola palabra: reescribir esa frase dos palabras más corta te ahorra un renglón entero, y hay muchas.
- Sube el bloque que más le interesa a la oferta y baja el resto. A veces no sobra contenido, sobra desorden.
¿Y qué trucos de espacio sí son trampa?
Bajar la letra a siete puntos, dejar los márgenes en medio centímetro o meter todo el texto dentro de una imagen para que cuadre. Lo primero hace que no se lea, lo segundo que se corte al imprimir y lo tercero que un sistema automático vea un documento vacío. Si solo cabe destrozando el formato, es que todavía te sobra contenido.
¿Cómo saber si te has pasado cortando el CV?
Dale la vuelta a la prueba. Coge la oferta a la que te vas a presentar, léete sus requisitos uno a uno y busca cada uno en tu CV recortado. Si alguno no aparece por ningún lado y tú lo cumples, has cortado de más y hay que volver a meterlo, quitando otra cosa a cambio.
Esa comprobación es el mismo trabajo que hay detrás de adaptar el CV a cada oferta sin reescribirlo entero, y por eso las dos cosas se hacen a la vez: no existe un recorte bueno en abstracto, existe un recorte bueno para una oferta concreta. Lo que a una vacante le sobra, a la siguiente le hace falta.
Si vienes de un perfil largo y quieres ver cómo queda el resultado, en la página sobre cómo convertir tu perfil de LinkedIn en un CV está el mismo criterio aplicado paso a paso. Y si prefieres no pelearte con los márgenes, CV Optimizer hace el ajuste solo: tú eliges una página y el contenido se recorta para caber, empezando por lo más antiguo.
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